martes, 29 de marzo de 2016

3º ESO: A la manera de ... (Edad Media)


Los alumnos de 3º de ESO se han empapado del espíritu, del estilo y de los temas de la literatura medieval y han imitado a los distintos autores estudiados. Laura Rodríguez ha escrito un cuento a la manera de los apólogos recogidos en El Conde Lucanor; Daniel Pereira ha escrito una estrofa de pie quebrado a la manera manriqueña; Lara Bouza se ha atrevido con una serranilla que recuerda a las del mismísimo Marqués de Santillana, y Enrique Amoedo Alonso ha reescrito a su manera el final de La Celestina, imitando el estilo de Fernando de Rojas e incluyendo algunos de los tópicos literarios medievales que aprendió estudiando la obra. Aquí teneís el trabajo de Laura, uno de los más logrados. A ver qué os parece.

                    

El avaro y la pieza de oro

Otro día, el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero: 
- Patronio, he obtenido mucha riqueza en un negocio del cual vos ya tenéis idea. Estoy contento por ello, pero no tengo claro el fin que quiero darle a ese dinero, pues podría ahorrarlo para un futuro o bien gastarlo en mis tierras o en donaciones para la iglesia.

Entonces Patronio le dijo:

- Señor conde Lucanor, sé que hay otros que os podrían aconsejar mejor que yo. Pero, puesto que así lo queréis, os diré lo que pienso. Y, para aconsejaros mejor, me gustaría que prestaseis atención a lo que le sucedió a un avaro por su avaricia.

El conde le rogó que se lo contara, y Patronio dio paso a la historia.

-Érase una vez un avaro que había vendido todas sus pertenencias para comprarse una pieza de oro de considerable tamaño, la cual decidió enterrar junto a una tapia en un lugar apartado del pueblo. Allí iba todos los días para asegurarse de que nadie hubiese descubierto su escondite. 
  Lo que el avaro no sabía es que uno de los vecinos había observado sus constantes idas y venidas a aquel sitio y, sospechando que algo extraño sucedía, decidió cavar la tierra alrededor del muro. Al final, tras varios intentos, encontró el preciado tesoro y, admirando entre sus manos la pieza de oro, se la llevó a su casa. Cuando el avaro regresó al lugar y se dio cuenta de que le habían robado, lloró de desesperación. Otro vecino del pueblo que lo vio tan angustiado, al enterarse de cuál era la causa de su lamento, le dijo: "No es algo tan grave lo que os ha sucedido. Coged una piedra y enterradla en el mismo hueco. Imaginad que es de oro. Al fin y al cabo, vos jamás haríais uso de él".

- En cuanto a vos, señor conde - concluyó Petronio- os digo que el dinero y las riquezas no son lo realmente importante, sino todo lo que podemos hacer con ellas para mejorar nuestra vida y la de los que nos rodean; y os aconsejo que gastéis vuestro dinero en lo que creáis necesario, pues guardando vuestra riqueza no obtendréis dinero alguno.

El conde pensó que el consejo de Patronio era bueno, así que lo siguió y le fue bien.

Y cuando don Juan encontró este ejemplo, mandó copiarlo en este libro e hizo estos versos que resumen la moraleja de la historia:

                 Nadie saldrá beneficiado
       teniendo el dinero guardado.

                                      (Laura Rodríguez, 3º ESO)





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