martes, 18 de noviembre de 2014

¿Los sentimientos se aprenden?


  A raíz de un dictado extraído de un fragmento de Frankenstein o el moderno Prometeo (de Mary Shelley), se planteó el problema de si la criatura del doctor Viktor Frankenstein era o no buena por naturaleza, si poseía sentimientos y si estos eran nobles, loables, o solo había en él instintos destructores y asesinos. Lo cierto es que la novela original nos presenta una criatura dotada de sensibilidad y ansiosa de amor, a la que su creador abandona cruelmente a su suerte. No recibe más que el rechazo y los malos tratos de todos cuantos se encuentran con él, y es lógico que engendre una actitud de resentimiento y de odio hacia el género humano y que se quiera vengar de la persona que le dio una vida condenada a la soledad y al sufrimiento.

La discusión fue derivando hasta que llegamos al punto de discutir si un ser que no ha recibido ningún tipo amor y que no ha experimentado la generosidad, el altruismo, los buenos sentimientos... puede amar y comportarse de forma amable y solidaria con los demás. Algún alumno defendió que sí, que no tenía nada que ver el modo en que uno ha sido tratado, que los buenos sentimientos dependen solo del modo de ser particular de cada individuo... Pero la realidad demuestra que los individuos a los que jamás se les ha tratado como personas se comportan como fieras salvajes; no muestran humanidad porque no han conocido una forma humana de relacionarse con otras personas. Desgraciadamente, existen muchísimos ejemplos de personas que han vivido en un entorno deshumanizado, sobre todo en países donde imperan (o han imperado) regímenes totalitarios atroces que destruyen la esencia del individuo. Hemos hablado de algunos en clase, pero aquí tenéis un ejemplo claro: se trata de un libro que está actualmente en las librerías, una biografía de un superviviente de los campos de trabajo norcoreanos. Veréis que Mary Shelley no estaba tan desencaminada como creíais; no es necesario ir a la literatura fantástica para encontrar "monstruos" creados por el hombre. Tristemente, la realidad crea monstruos semejantes aunque, por fortuna, mientras hay vida, hay esperanza. El hombre, con su libertad intrínseca, puede sobreponerse a la barbarie y acabar actuando dignamente aun en las circunstancias más míseras y adversas. Si leéis el reportaje del enlace (publicado en ABC Cultural, 10/11/2014) conoceréis el caso de una persona que se hizo "humano" en la edad adulta. Un caso sobrecogedor.




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