miércoles, 9 de enero de 2013

1º y 2º ESO: Otra descripción subjetiva

Los textos ganadores del taller de escritura de esta semana (descripción subjetiva de un árbol, un coche o un juguete de la infancia) son:

   1º de ESO:  Nadia Cernadas, que describió un árbol que ve desde su casa.
   2º de ESO:  Alba Campos, que describió unas muñecas con las que jugaba de pequeña.

Estas son sus descripciones:



   Justo al lado de nuestra casa, hay terreno del que nace un castaño que merece ser homenajeado con unas líneas.

   Es un árbol de enormes dimensiones con ramas grandes y robustas que se extienden en el cielo como los dedos de unas huesudas manos. De ellas brotan unas ramitas de menor tamaño y fuerza, en las que cuelgan las hojas con forma dentada. Estas hojitas son de color verde, pero no un verde cualquiera, un verde muy vivo y particular que va cambiando a marrón claro a medida que se marchitan, reflejando la tristeza por estar muriéndose.

  El tronco es bastante alto y grueso, con una forma un tanto peculiar. Lo cubre una corteza de color marrón llamativo, con toques oscuros y claros, además de algún adorno verde grisáceo de moho. Las raíces no se dejan ver, ya que se ocultan en la tierra como un secreto bien guardado.

   A principios de otoño, podremos ver sus hermosas flores. La flor del castaño es un poco rara, con unos pétalos de color rosa claro y blanco y unos estambres muy alargados. Con el tiempo se transformará en fruto, es decir, en castaña. Como un nuevo misterio aparecerán escondidas dentro de unos protectores erizos de púas afiladas. Debemos tener cuidado al extraer su tesoro si no queremos un picotazo en alguno de nuestros dedos.

                                       (Nadia Cernadas Veiga. 1º de ESO A)






     Las tres hermanas eran casi idénticas. Su altura y pelo eran iguales, también sus zapatos y el pantalón de peto eran los mismos. Pero a cada una la distinguía un color diferente, ya que, cada cual tenía una camiseta y un lazo en el pelo de diferente color. Ana el azul, Teresa el rosa y Elena el verde.
     En sus caras redonditas se veían unos ojos castaños que delataban la ingenuidad e inocencia propias de unas niñas de cinco años pero, a la vez, en sus sonrisas se escapaba un aire de picardía y astucia.
     Al jugar con ellas era como si me sumergiera en un mundo diferente en el que las cuatro jugábamos contra la bruja Aburrida y de fondo se escuchaba la canción: ¡Un, dos, tres!, las tres mellizas...

                        (Alba Campos Fragueiro. 2º ESO)



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